Sin categoría

Salem, a la caza de las brujas

Hacia el año 1620, los primeros colonos procedentes de Inglaterra y los Países Bajos llegaron a las tierras de Nueva Inglaterra. Conocidos como los Padres Peregrinos, fundaron las primeras colonias como Connecticut, Boston y Springfield. En aquellas tierras, donde vivían los indios mohicanos, pocomtuc o massachussets, se produjeron cerca de una veintena de casos de brujería. El primer caso registrado fue el de Alse Young, en Connecticut, en 1647. Entre 1647 y 1692, se produjeron cerca de una veintena de otros casos en Nueva Inglaterra.

Ilustración de Mary Walcott (John W. Ehniger, 1902). El miedo desembocó en un proceso de acusaciones indiscriminadas.

Arder en una hoguera tras ser acusada de brujería no era algo extraño en el siglo XVII.  En enero de 1692 se inició en Salem (Massachusetts) el juicio contra varias mujeres acusadas de practicar la brujería. Las denunciantes: un grupo de adolescentes que comenzaron a sufrir convulsiones incontrolables durante un proceso que acabaría con la vida de veinte personas.

El Inicio

Todo empezó a finales de 1691. La hija y la sobrina del pastor puritano Samuel Parris empezaron a hablar de forma desordenada, hacer gestos extraños y retorcerse entre convulsiones, según consta en los registros del tribunal. Poco después le acabó sucediendo lo mismo a otras seis niñas. La histeria y el miedo no tardaron en extenderse por la ciudad, como los rumores de que se habían visto a niñas desnudas bailando en el bosque.

Todos los ojos se posaron en Tituba, la esclava negra de los Parris, cuyos rituales vudú, propios de su lugar natal, Barbados, no eran desconocidos entre los vecinos. Estas prácticas chocaban con la moral puritana de la época, que no tardó en acusarla de brujería. Estas acusaciones se reafirmaron tras del diagnóstico del doctor William Griggs, una eminencia del momento:

“No hay ningún problema físico que cause ese comportamiento. No hay dudas de que se trata de la influencia directa del demonio”.

William Griggs, médico de Salem

Toda la población de Salem, incluido el reverendo Parris, creían en las brujas y que estas eran las causantes del extraño comportamiento de las jóvenes.

Acusaciones y juicio

En febrero de 1692, se inició el juicio a cargo de los magistrados Jonathan Corwin y John Hathorne, quienes debían dictaminar el origen de las posesiones diabólicas. La hija de Parris y a su sobrina fueron presionadas por los magistrados para que señalaran a los culpables. Aquella situación dio lugar a una serie de acusaciones infundadas en las que cada uno acusaba al más indefenso o a quien tenía mas antipatía.  Como era de esperar la primera acusada fue Tibuta.

Ilustración de los juicios de Salem (William A. Crafts, 1876).

Para salvarse de las crueles torturas que sabía que iba a ser sometida y de paso evitar la horca, decidió confesar públicamente: “He visto al diablo en el bosque. A veces toma la forma de un hombre muy alto de pelo negro, o de perro negro, o de cerdo, y he visto a un pájaro amarillo besar el dedo de otra bruja, y Betty, Abigail, Ann Putnam, Sarah Osborne, Sarah Good ¡están al servicio de Satanás!Y he visto el nombre de otros vecinos en el libro del Mal”. Este libro, según Tibuta, se lo entregó un misterioso hombre. En él supuestamente figuraban “todos los nombres de las brujas de Salem”.

No consiguió librarse de la cárcel, estuvo solo un año en ella, pero en aquella época un año debía de parecer veinte… Pero el resto de personas que mencionó en su confesión no corrieron tanta suerte. Sarah Osborne y Sarah Good fueron ahorcadas al no confesar su culpabilidad. Otra mujer, Martha Corey fue acusada sin fundamento (seguramente por envidias o rencillas entre los aldeanos) y su esposo, Giles Corey, murió en prisión mientras era torturado.

Una vez que se comenzó con las acusaciones fue un no parar… muchas de las personas que acudieron al juicio fueron acusadas por el simple hecho de acusar a un culpable. Un aldeano acusó a una mujer, Susanna Martin, por embrujar a sus bueyes. Incluso el reverendo George Burroughs fue acusado por la familia Putnam porque, según relató Ann Putnam: “Su espíritu aparece en mis sueños y me dice que es el líder de los adoradores de Satanás, que mató a sus dos primeras esposas y que embrujó a los soldados que combatían a los indios en las fronteras de Maine”. Otra de las famosas escenas del juicio fue la acusación al marido de Tituba, John Indian, que lo acusaban de preparar un brebaje a base de harina de centeno y orina de bebé que hacía enloquecer a las niñas. Para comprobar si eso era cierto se llegó a dar esa mezcla a un perro.

Recreación de la condena del pastor Burroughs (Henry Davenport, 1901). Una de las historias más conocidas en Salem es como recitó el padre nuestro, una hazaña que los brujos no podían realizar.

El 2 de junio de 1692, el juez Stauton envió a la horca a Bridget Bishop, una mujer que doce años antes había sido declarada inocente del cargo de brujería y cuyo único pecado había sido casarse tres veces. Otra mujer, Rebecca Nurse, fue también acusada. El juez, que la conocía bien, la declaró inocente lo que provocó tal oleada de vandalismo y salvajismo entre la población que el asustado magistrado tuvo que cambiar de opinión y ordenar que la ahorcaran de inmediato.

Años más tarde, en 1703, el tribunal de Massachusetts rechazó casi todas las pruebas presentadas durante los juicios. Tres años más tarde, Ann Putnam, una de las niñas supuestamente embrujadas, pidió perdón a su iglesia y a las familias de los ajusticiados en la horca: “Lo hice engañada por Satanás”. Betty Parris se fue de Salem con su padre, y el rastro de Abigail Williams se pierde a mediados de 1692.

Pero, ¿Qué ocurrió de verdad? 

Algunos historiadores apuntan al “fraude” de las jóvenes, que intentaron con las acusaciones ganar notoriedad en una sociedad opresora o protegerse de un posible castigo ya que existían rumores de que hacían experimentos de brujería, otros consideran que todo fuera producto de un proceso de histeria colectiva o de un enfrentamiento entre los seguidores y detractores del pastor Parris.

Pero la teoría que más fuerza ha cogido estos últimos años es la de una intoxicación por cornezuelo del centeno, cereal con el que se elaboraba el pan y que posee una toxina, la ergotamina, de la que deriva el LSD o ácido lisérgico. Sus efectos: parálisis transitoria, alucinaciones, contracciones musculares, psicosis y delirio; síntomas muy parecidos a las descripciones de las niñas.  Según esta teoría, las niñas se habrían intoxicado al comer pan de centeno en mal estado.

Fuera el motivo que fuera, los acontecimientos en Salem han pasado a la historia como la prueba fatídica del fanatismo religioso, las falsas acusaciones y una justicia arbitraria que se dejaba llevar por el fervor popular.


BIBLIOGRAFÍA

1 comentario en “Salem, a la caza de las brujas”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .