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El asesinato de Thomas Becket

El 29 de diciembre de 1170, cuatro caballeros ingleses entran en la catedral de Canterbury y asesinan a sangre fría a Thomas Becket, arzobispo de Canterbury ¿Qué ocurrió para llegar a fatal desenlace?

1. Enrique II y Thomas Becket

Thomas nació en 1118 en el seno de una familia burguesa originaria de Ruan (Francia), bien relacionada con el poder.  Richer de L’Aigle, uno de los mejores amigos de su padre, le enseñó las buenas maneras, a montar a caballo y a cazar, por lo que participaba en justas y torneos. A los diez años realizó sus primeros estudios de leyes civiles y canónicas en la abadía de los monjes de Merton, en Surrey. Estudió teología en París y Bolonia. De regreso a Inglaterra, entró al servicio del arzobispo de Canterbury, Teobaldo.

Mientras tanto, Enrique II, como todos los reyes normandos, quería ser el soberano absoluto, tanto de su reino como de la Iglesia, y Becket le pareció la persona idónea para defender sus intereses; el joven canciller se convirtió no solo en un fiel servidor del rey, sino también en compañero de caza y juergas. El rey envió a su hijo Enrique a vivir en la casa de Becket, tal y como se acostumbraba a hacer con los niños de la nobleza.

Enrique II de Inglaterra, vio que era un gran negociador, y por consejo del arzobispo Teobaldo, lo nombró canciller del reino. Estuvo en ese puesto  durante 7 años. Pero tras el fallecimiento de Teobaldo, el asunto se empezó a torcer…

El rey no se había llevado demasiado bien con el clérigo fallecido y necesitaba que ese puesto vacante fuera ocupado por una persona de su confianza. Así que sin pensar eligió a Thomas Becket. Parece ser que Thomas no estuvo muy de acuerdo y le dijo al rey: “Si me haces obispo te arrepentirás”, pero no le hizo caso. Efectivamente, Thomas Becket cuando estuvo bajo las órdenes del rey le fue fiel a éste, en cambio, cuando pasó al estado eclesiástico, le fue fiel a Dios. Le ordenaron sacerdote un día antes de nombrarlo nuevo arzobispo de Canterbury y primado de la Iglesia de Inglaterra.

Desde el momento en que fue consagrado, una transformación radical se operó en el nuevo primado ante la estupefacción general de todo el reino. Así que pasó de comportarse como un cortesano, con continuas fiestas, a ser una persona muy religiosa, que cumplía a rajatabla con los mandatos de la Iglesia. En resumen, se tomó muy en serio su nuevo trabajo.

Thomas empieza a oponerse sistemáticamente a la política real, tanto en asuntos directamente relacionados con la iglesia como el de la jurisdicción competente para juzgar los crímenes de los clérigos, como en otros que resultaban completamente ajenos a sus intereses, como la pretensión de Enrique de hacer que los tributos que los nobles pagaban a los sheriff pasasen a abonarse directamente a la corona.

La intervención del Papa y de otros obispos ingleses hicieron que Becket diese su brazo a torcer y plegarse a los deseos de Enrique II; pero la ira del rey y su carácter vengativo propio de los Plantagenet no iban a perdonar a Becket.  Tras exigir la devolución de todas las tierras y castillos que le había entregado cuando era canciller, hizo que el arzobispo jurara obediencia a las leyes inglesas delante de una multitud en Clarendon en enero de 1164. Días después publicó una serie de normas, conocidas como las Constituciones de Clarendon, que iban mucho más allá de la cuestión relativa al sometimiento de los delitos de los clérigos a la justicia civil. Y en una asamblea de nobles en Northampton el 6 de noviembre de 1164, acusó a Becket de malversación.

Con semejante panorama Thomas huyó a Francia donde permaneció cinco años, escribiendo cartas criticando a Enrique y quejándose ante el Papa. En 1169, varios intentos de mediación entre ambos que llevó a cabo el rey de Francia fracasaron ante la intransigencia y la fuerte personalidad de ambos.

2. Miniatura del siglo XIII que muestra el asesinato de Becket

Viendo que la reconciliación era imposible, Enrique decidió coronar como heredero a su hijo sin la participación de Becket y llevó a cabo la ceremonia en Westminster, bajo los auspicios del arzobispo de York. La indignación de Becket fue tal que volvió a Inglaterra el 30 de noviembre de 1170 e inició una furiosa campaña contra todos los que participaron en la ceremonia, amenazando con excomulgarlos.

Fue la gota que colmó el vaso de la paciencia del rey y le llevó a pronunciar la ya famosa frase:

¿Cómo es posible que entre todos los vagos y traidores a los que he cargado de riquezas, ninguno sea capaz de evitar que un clérigo de baja cuna se burle de mí?

Cuando pronunció encolerizado estas palabras se hallaba rodeado de varios de sus nobles, y cuatro de ellos las tomaron al pie de la letra. Reginald Fitzurse, Hugh de Morville, William de Tracy y Richard Brito, se reunieron en el castillo de Saltburn (Kent) para planear el magnicidio y, acto seguido, cabalgaron hasta Canterbury con sus armaduras y espadas y, el 29 de diciembre de 1170, irrumpieron en el atrio de la catedral en plena ceremonia de vísperas y acabaron a espadazos con la vida del arzobispo delante de los fieles.

La muerte de Becket causó gran impresión en Enrique I, quien probablemente pronunció esa frase en uno de sus típicos ataques de ira y sin pretender realmente que ninguno de sus caballeros asesinase a Thomas. En prueba de penitencia por este hecho, Enrique peregrinó a Canterbury donde la tumba del arzobispo se había convertido ya en un lugar de culto; Thomas Becket fue proclamado santo por la iglesia católica tres años después de su muerte.


BIBLIOGRAFÍA

  • Corral, José Luis (2008). «El asesinato de Tomás Becket». Historia National Geographic  (54): 17-22
  • Poza Yagüe, Marta (2013). «Santo Tomás Becket»Revista digital de iconografía medieval V (9): 53-62. Consultado el 27 de diciembre de 2020
  • H. R. Loyn, ed. (1998). Diccionario AKAL de historia medieval. Ediciones AKAL p. 64

IMÁGENES

  1. Las antigüedades regias y eclesiásticas de Inglaterra: contiene las representaciones de todos los monarcas ingleses, desde Eduardo el Confesor hasta Enrique el Octavo. Londres, 1842. Strutt, Joseph; Planché, James R.
  2. Representación más antigua conocida del asesinato de Thomas Becket en la catedral de Canterbury. Circa 1200. Original en British Library: Harley MS 5102, f. 32

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