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El gusano de los dientes

Desntista Otomano. lustración de Ibn Hamun

A pesar de que por suerte solo he acudido al dentista en un par de ocasiones, he de admitir que le tengo pánico. Así que no me quiero ni imaginar como lo tendría que pasar en épocas anteriores…

Desde la época mesopotámica ha existido la creencia de que el causante de las caries, las periodontitis y el dolor de muelas era un gusano que residía en los dientes y los devoraba desde el interior. Aunque se sabe que la idea se desarrolló en algún lugar del Cercano Oriente, se desconoce cuándo y dónde se originó exactamente. Una tablilla cuneiforme del periodo neobabilónico ya hablaba de este gusano:

Después de que Anu [haya creado el cielo],
Cielo haya creado [la tierra],
la tierra haya creado a los ríos,
los ríos hayan creado los canales,
los canales hayan creado los pantanos,
(y) los pantanos hayan creado al gusano –
El gusano fue, llorando, ante Shamash,
sus lágrimas fluyendo ante Ea:
“¿Qué me darás como alimento?
¿Qué me darás para succionar?”
“Debo darte el higo maduro,
(y) el albaricoque”.
“¿De qué me servirían, el higo maduro
y el albaricoque?
¡Levántame y entre los dientes
y las encías hazme morar!
¡La sangre del diente sorberé,
y de la encía roeré sus raíces!
Fija el alfiler y agarra su pie.
Porque tú has dicho esto, oh gusano,
¡qué Ea te aplaste con el poder de su mano!

«Oración del gusano», datada por algunos en 1800 a.C.
Al-Jinn, los seres invisibles. Capítulo 72 del Corán

En la antigua Mesopotamia las Tablas Asirias de la colección Kuyunjik del 800 a. C. mencionan que un “dentista” aconsejó a su rey la extracción de los dientes de su hijo, por ser estos la causa de la enfermedad que padecía. Este concepto de infección focal se anticipa casi tres mil años al expresado por Hunter en 1910.

Escribonio Largo, médico de la corte del emperador romano Claudio (41-54), escribió en De Compositione Medicamentorum, paliativos como fumigaciones, enjuagues y empastes para el dolor de muelas. Sobre todo recomendaba masticar beleño negro, que los romanos llamaban herba dentaria, la “hierba de los dientes” en Tirol y “hierba Apolonia” (Apolonia, la patrona de los odontólogos) en Carintia. Escribonio recomendaba distribuir sus semillas sobre el carbón, permitir que el humo llegara a los dientes y enjuagar de nuevo con agua tibia. Indicaba que al escupirse, podían aparecer pequeños gusanos.

El canon de la medicina de Avicena (980-1037) y en obras occidentales, como Gilberto Anglicus (1180-1250) se repetían las mismas recomendaciones. Entre las brasas observaban como de las semillas surgían unos hilillos blancos que identificaban como el gusano. Escribonio incluso recomendaba usar el propio gusano en el dolor de muelas, dado que la pérdida del diente ayudaba a la recuperación. Avicena recomendaba extender orugas de blanquita de la col sobre el hueco del diente, informando que el diente se caía a los pocos días.

En Alemania lo conocían en los siglos IX y X como zanewurm, y era mencionado por Hildegarda de Bingen (1098-1179) en Causae et curae como una posible causa de las caries. Nicolò Nicoli Falcucci (primera mitad del s. XIV-1412), que vivía en Florencia, informó del problema del gusano dental. Paracelso (1493-1541) explicaba que el gusano vivía en el diente y moría al contacto con el aire. Albrecht von Haller (1708-1777) aún hablaba de él en Onomatologia medica (1750).

No sería hasta la ilustración cuando se pondría en duda su existencia. El dentista francés Pierre Fauchard rechazó su existencia en Le Chirurgien dentiste (1728), pensando que las caries eran causadas por condiciones físicas tanto internas como externas. Cuando comenzó a usarse una visión más científica a mediados del siglo siguiente, su opinión era la más aceptada entre los profesionales médicos y los investigadores que realizaban trabajos empíricos precisos.

La creencia del gusano de los dientes persiste incluso en la actualidad, pero afortunadamente no entre los profesionales.


BIBLIOGRAFÍA

  • Gerabek, W. E. (1999). The tooth-worm: historical aspects of a popular medical belief. Clinical oral investigations
  • Pritchard, J. B. (Ed.). (2016). Ancient Near Eastern texts relating to the Old Testament with supplement. Princeton University Press.

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