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¡Danzad malditos, danzad!

En el verano de 1518 ocurrió algo verdaderamente extraño en mitad del Sacro Imperio Romano.

Estamos en la ciudad de Estrasburgo, en sus calles, la gente hace sus quehaceres diarios como cada día, entre ellos, una mujer llamada Troffea que sin motivos comienza a bailar en mitad de la calle. La gente se congregó a su alrededor pensando que era una animación callejera, pero pasaron los minutos y las horas y ella continuaba sin poder parar.

Dibujo de Pieter Brueghel El Viejo (1564)

Al día siguiente, continuaba bailando. En una semana, se habían ‘contagiado’ junto a ella 34 personas y pasado un mes ya se congregaban cuatrocientos bailarines. El resto de habitantes de la ciudad creían estar presenciando la danza de los malditos. Intentaban detenerlos, les rogaban que parasen, pero era imposible.

Las víctimas no podían dejar de danzar, retorciéndose de dolor, mientras suplicaban que los detuvieran. Pero cualquier intento fue en vano. Cuando agarraban a uno entre varios, el danzante se calmaba. Pero, en cuanto lo soltaban, comenzaba de nuevo.

Los ricos burgueses de la ciudad pidieron ayuda a los médicos locales. Parece ser que su diagnóstico fue que la causa de la epidemia de baile era un recalentamiento de la sangre. El tratamiento prescrito fue recomendar más baile, hasta acabar con el impulso. Así que con la ayuda de los gremios, dejaron libre el mercado donde vendían el grano y construyeron un escenario para llevar allí a los pobres bailarines. Contrataron a músicos y a ‘hombres fuertes’ para que sostuvieran a los bailarines exhaustos, para que pudieran continuar con el tratamiento.

No debió de ser una escena agradable de ver… Las personas que habían escapado al ‘hechizo’ del baile observaban atónitos como sus vecinos sacudían sus cuerpos, llegando a romper los tobillos y rodillas e incluso llegar a fallecer por agotamiento.

La manía de la danza; Pieter Brueghel el joven (1564-1638) a partir de dibujos de su padre.

Un poema encontrado en los archivos de la ciudad narra lo que sucedió. La gente siguió bailando sin parar, y muchos de ellos cayeron muertos. Los consejeros de la ciudad viendo que su supuesta solución había sido un completo error, prohibieron la danza y la música en espacios públicos. Ya como una última medida, los bailarines fueron llevados a una iglesia ubicada en una gruta en las montañas de Saverne dedicada a San Vito. Allí fueron calzados con zapatos rojos y guiados para que bailaran alrededor del santo.

Esta locura terminó sin previo aviso a principios de septiembre de aquel año. De golpe y porrazo, dejaron de bailar de la misma forma que comenzó: sin ningún motivo ¿Cuál fue la causa de aquel extraño fenómeno? Una teoría apunta a una intoxicación alimentaria por productos psicoactivos del hongo del cornezuelo, que crecen en los granos del trigo, cebada y centeno. 

Durante las semanas que duró la epidemia, hubo una media de quince fallecidos al día por agotamiento, derrame cerebral o infarto.

Curiosamente, este no fue el único brote de baile compulsivo en Europa. Se han registrado cerca de diez episodios similares antes de 1518 en los pueblos que hoy forman parte de Bélgica, el noreste de Francia y Luxemburgo.


BIBLIOGRAFÍA

  • Waller, John (2008). A Time to Dance, A Time to Die: The Extraordinary Story of the Dancing Plague of 1518.
  • Waller, John (2008) Dancing Death. Artículo publicado en la BBC News
  • García Ingrisano, A (2009) La ansiedad y el jolgorio. Artículo en la revista Letras Libres

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