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¿Un plato de sopa?

En los días en lo que estamos cuando oigo esa pregunta, se me dispara la temperatura aún más si cabe. He de reconocer que soy una persona calurosa, pero cuando en la sombra estamos a 35 º precisamente sopa no es lo que más me apetece.

Para conocer el origen de este plato hay que echar la vista atrás unos 500.000 años, a los habitantes del Paleolítico que ‘conquistaron’ el fuego. Quizás por accidente, quizás por experimentar, no lo sabremos nunca, pero descubrieron que al poner alimentos en él, los ablandaba y les cambiaba el sabor, en definitiva, eran más comestibles (recordad que hasta ese momento los alimentos se tomaban crudos).

Livre du roi Modus et de la reine Ratio, S.XIV. (Bibliothèque nationale)

Existen evidencias que proceden de las cuevas de Les Eyzies, en el suroeste de Francia, que muestran que la práctica consistía en colocar agua y alimentos en huecos naturales presentes en las rocas, para luego incorporar piedras previamente calentadas en el fuego para lograr la cocción.

Este hallazgo hizo que la historia de la humanidad diera un giro de 180 º ya que influiría en el desarrollo de la capacidad craneal al dejar las mandíbulas más espacio para el cerebro al no necesitar una masticación constante al cocinar los alimentos.

Desde entonces, la sopa nos ha acompañado. Los griegos tomaban un caldo a base de cereales que servía tanto como alimento como remedio terapéutico. Más conocida es el caldo negro de los espartanos, elaborado con sangre de animal mezclada con vinagre, sal y hierbas aromáticas. Marco Gavio Apicio, gastrónomo romano del S.I, era célebre por sus suculentas y especiadas sopas cuyo relato llega a nuestros días a través de su obra De re coquinaria, que da cuenta del carácter de comida de lujo que alcanzó este plato durante la decadencia del imperio romano. Y entre los pastores romanos el plato estrella era una sopa de cebada y garbanzo.

No es hasta el S.XVI donde aparecen las sopas más fastuosas (siempre entre la clase alta, claro está). Francisco I de Francia ara aficionado a los caldos elaborados con carnes de caza, que contenían las piezas enteras, hervidas y muy sazonadas. Margarita de Valois, esposa del rey Enrique IV, dio fama a “le potage à la reine”, sopa elaborada con caldo de gallina, carne deshilada, crestas de pollos, pistachos y granada.

En España, la reina de las sopas era la olla podrida que Ana de Austria se llevaría a Francia cuando se casó con Luis XIV, con unas pequeñas modificaciones fue un plato esencial en el país galo durante siglos.

La sopa de los pobres, Giudici, Reynaldo (1884)

La sopa fue un alimento que salvó a muchísimas personas del hambre, a veces hechas solo con pan y agua, otras con cereales y los que tenían algo más de suerte con un poco de carne. Lo cierto es que la sopa y el caldo pueden hacerse con cualquier cosa y siempre saca de un apuro. El boom de este plato fue durante la Edad Media: ollas, potajes y caldos elaborados a base de habas, hinojo, calabaza o arroz y siempre muy sazonado con ajo, jengibre o canela.

Para finalizar, una sopa muy conocida durante la época medieval en la Península. Está buenísima y aún con este calor me tomaría ahora mismo un buen plato. Os hablo de La Sopa Dorada. Espero que la disfrutéis.

Receta de La Sopa Dorada

Ingredientes

  • ¼ de k de pan candeal duro y cortado en rebanadas
  • ½ dl de aceite de oliva
  • 2 cucharadas soperas de azúcar moreno
  • Caldo de pollo o de cocido
  • 8 yemas de huevos
  • Zumo de medio limón
  • Canela molida

Preparación

Se colocan las rebanadas de pan en una fuente de barro con un poco de aceite de oliva. Se ponen al fuego y se tuestan por las dos partes, añadiéndoles por encima un poco de azúcar.

Aparte, se calienta el caldo y, cuando empiece a hervir, se echa por encima de la fuente de rebanadas de pan. Se añade algo más de azúcar, se tapa y se deja estofar a fuego medio durante unos minutos.

Cuando el caldo esté bien embebido, se baten las yemas de huevo con un poco del caldo y el zumo del medio limón, y se vierte por encima. Se espolvorea por encima con otro poco de azúcar y se vuelve a tapar, subiendo el fuego y dejando que se cuaje.

Se sirve caliente en platos individuales y espolvoreando antes con canela molida.


BIBLIOGRAFÍA

  • Pérez Conesa, Joaquín (2009). “Generalidades básicas”. El libro del saber culinario. Madrid: Alianza Editorial
  • Alain R. Girard en su libro “Del manuscrito a la imprenta: Libros de cocina del siglo XV a XVI”. Paris 1982
  • Massimo Montanari, Jean Louis Flandrín; Lourdes Pérez González (trad.). Historia de la alimentación. Ediciones Trea, S.L.

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