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El vuelo de las brujas

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Grabado en madera de Hans Baldung.

Novelas, cine y televisión han hecho que pensemos en las brujas como personas ancianas, feas, llenas de verrugas y volando en sus escobas. En una entrada anterior hablé sobre su leyenda negra, pero… ¿Qué hay de cierto en sus vuelos con escoba?

El canon Episcopi, escrito en 906 ya hablaba de estos vuelos, pero los consideraba un sueño o una fantasía. Lo curioso es que nadie las vio volar, pero a partir del S.XIV todo el mundo estaba más que convencido de que podían hacerlo.

Hoy se sabe que hay una relación entre esos vuelos y las sustancias que se untaban en el cuerpo. Esos ungüentos ya eran usados mucho antes de que las brujas estuvieran en el punto de mira. Apuleyo, en el S.I,  menciona en el tercer libro de su Asno de Oro a la bruja Pánfila, que embadurna todo su cuerpo con una pomada que le hace convulsionar hasta convertirse en búho y salir volando.

Al experimentar con plantas medicinales descubrieron algunos usos peculiares. Por ejemplo con la mandrágora, el beleño y el hongo que se forma en el centeno averiguaron que podían generar un efecto alucinógeno al consumirla en pequeñas cantidades. Y muchas “brujas” se obsesionaron con estos alucinógenos por la sensación placentera y las visiones que producía el estar bajo su efecto.

Al principio ingerían estos alucinógenos, pero tenían efectos secundarios: irritación de la piel, nauseas y  vómitos. Con el tiempo descubrieron que la mejor forma de obtener el mayor efecto posible y evitar estos efectos secundarios era aplicarlo sobre la piel en forma de ungüento o pomada.

Uno de los primeros que se dio cuenta de tal hecho fue el médico español Andrés Laguna, que a mediados del siglo XVI  advirtió que estas mujeres untaban su cuerpo con cicuta, beleño y mandrágora. Hizo la prueba con la esposa del verdugo de Metz, que tenía fama de reputada bruja. Cayó en un trance que duró 36 horas; al volver en sí se quejó de que la hubieran despertado en pleno goce mientras estaba retozando con un apuesto joven, lo que hizo que su marido se mosqueara de lo lindo.

¿Y que papel tiene la escoba en esto? poco después descubrieron que los mejores lugares para aplicar el ungüento alucinógeno era en las zonas mucosas de los genitales. El efecto se multiplicaba y no producía efectos secundarios. Esta evidencia se observa en la investigación del caso de Lady Alice Kyteler, acusada de brujería, que data del año 1324:

En el armario de la dama se encontró un envase de ungüento con el que asegura untaba un palo que luego montaba para pasar el ungüento a sus partes íntimas.

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Acuarela de Eugène Grasset, 1900.

Esta nueva forma de uso les producía un dulce letargo y generaba unas experiencias psicodélicas. Aunque estaban casi  dormidas, en su mente se veían “volando sobre montañas y campos”. Y ellas creían que lo que habían visto era la realidad. Esta podría ser la razón por la que tantas pinturas de los siglos XV y XVI representan a las brujas volando sobre escobas completamente desnudas.

Algunos científicos probaron los ungüentos para poder corroborar las visiones. Will Erich Peuckert, etnólogo del S.XX se untó el cuerpo con una pomada siguiendo la receta de Giambattista della Porta (alquimista del S.XVI) y registró sus vivencias:

Ante mis ojos danzaban primero caras terriblemente deformadas de seres humanos, Después tuve de pronto la sensación de volar millas y millas por el aire. El vuelo se vio interrumpido repetidas veces por profundas caídas.

Los ingredientes principales eran la mandrágora, beleño, belladona, estramonio y napelo. También podían utilizar las mucosas de algunos sapos y la amapola. El beleño  se usaba desde antiguo; los egipcios ya la conocían empleándola para calmar los dolores y el napelo se cultivaba en los huertos de los monasterios para utilizarla como laxante y contra la lepra.

Para finalizar, os dejo la fórmula de uno de los ungüentos para volar. A causa de la toxicidad de los ingredientes empleados puede llegar a causar la muerte si se emplea más de la cuenta.

Ingredientes

  • 25 gr de opio
  • 15 gr de betel
  • 3 gr de cincoenrama
  • 7 gr de beleño negro
  • 7 gr de belladona
  • 7 gr de cicuta
  • 100 gr de aceite de cáñamo
  • Grasa de cerdo o vegetal como excipiente

Preparación

  • Cocer todo durante 2 horas al baño maría en un recipiente cerrado.
  • Filtrar y dejar enfriar (en ese orden)

BIBLIOGRAFÍA

  • Cardini, Franco. Magia, brujería y superstición en el Occidente medieval
  • Murray, Margaret. El culto de la brujería en Europa occidental.
  • Thomson War; Las Plantas Medicinales

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