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¡Apresad a la bruja!

Cuando veo una serie o leo una novela en la que hablan sobre brujería, siempre aparecen dos tópicos: Edad Media e Iglesia ¡ERROR! Una y otra vez caen en la maldita Leyenda Negra.

Hay una gran cantidad de investigación académica que desmiente estas leyendas publicadas sobre el S.XVII – XVIII, pero que por desgracia no tienen  la divulgación necesaria y siguen siendo ignoradas (a veces intencionadamente) por la mayoría del público. 

Datos Históricos

La llamada “caza de brujas” no fue un hecho de la Edad Media, ni vinculados a los tribunales de la Inquisición, sino que fue un fenómeno de la Edad Moderna, y se calcula que entre los años 1400 y 1700 se ejecutaron en Europa entre 40.000 y 60.000 personas por “brujería”. No todas fueron quemadas y eran tanto hombres como mujeres, aunque las mujeres “ganaban” por goleada.

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Vuelo de las brujas de Vaud (Suiza). Miniatura en un manuscrito de Martin Le France, Le champion des dames, 1451. Es la primera mención que hay documentada sobre la creencia de que las brujas vuelan en escobas

Según algunos testimonios de la época, las brujas solían ser mujeres viejas y pobres. Es decir, eran ancianas sin recursos y consideradas un estorbo para su pueblo o familia, por lo que se convertían en el chivo expiatorio perfecto para justificar una mala cosecha o una plaga. También estaban asociadas a ciertos trabajos, como es el caso de las parteras o las curanderas.

El período más intenso de caza de brujas se sitúa en la segunda mitad del S.XVI prolongándose hasta 1660. Casualmente esta fase se corresponde con la llamada «pequeña edad de hielo»: un empeoramiento climático que trajo malas cosechas y carestías; fenómeno que afectó a varias áreas de Europa entre 1580 y 1630, y al que siguió la oleada de peste de 1630. 

Alemania en la Pole

El territorio en el que se desarrollaron las persecuciones más virulentas y numerosas fue Alemania, cuando las guerras campesinas y protestantes del S.XVI y XVII. Los tribunales civiles, locales, y municipales eran especialmente entusiastas; la cifra total de víctimas oscila entre 22.000 y 25.000 –aunque hay autores que la elevan a 30.000–, lo que representa la mitad del total europeo.

Un testimonio de los procesos de Würzburg explicaba en una carta a un conocido en 1629: «Hay niños de tres y cuatro años, hasta 300, de los que se dice que han tenido tratos con el Diablo. He visto cómo ejecutaban a chicos de siete años, estudiantes prometedores de 10, 12, 14 y 15 años. También había nobles». 

Pero no solo en Alemania hubo procesos masivos. En Burdeos (Francia) el juez Pierre de Lancre mandó a la hoguera a 80 supuestos brujos, y por suerte otros 500 sospechosos fueron absueltos, debido a su corta edad; y en Lorena, Nicolas Rémy, envió a la muerte a cientos de brujas entre 1586 y 1595.

En Inglaterra, hasta 1640 se ha calculado que no se quemó a más de 44 personas. Pero en ese año comienza la guerra civil inglesa, y entre que el poder central estaba debilitado y los conflictos religiosos estaban en aumento, la histeria colectiva se desbocó. Como ejemplo tenemos al juez Matthew Hopkins que entre 1644 y 1648 condenó a muerte a 200 personas. 

En Suiza, entre todos los casos, 2 fueron extraños: Se acusó y se llevó ante el juez a grupos de niños. En el primer proceso, los niños no fueron liberados hasta que intervinieron inquisidores de Roma. En el segundo, el tribunal civil obligó a los padres a elegir entre expulsar de casa a los niños y presentar un certificado de su muerte o envenenar ellos mismos a sus hijos. Parece ser que muchos padres decidieron envenenar a los hijos.

El Sur, más ‘relajado’

A diferencia de lo que todo el mundo cree, España quedó fuera de semejante brutalidad y violencia hacia las supuestas brujas. Y fue gracias a la ‘tan difamada’ Inquisición. Si bien es cierto que la Inquisición fue creada para reprimir la herejía, también surge para evitar linchamientos  indiscriminados, evitando que unos pocos vecinos decidan quemar una familia entera con la excusa de etiquetarlos de “herejes”.

El motivo: el caso de Zugarramurdi, en Navarra. Una vecina de este pueblo, denunció un supuesto aquelarre (posiblemente en un sueño) y acabó en 53 acusaciones de brujería secundadas por un centenar de vecinos que, a causa de la ya mencionada histeria colectiva, afirmaron haber sido testigos de varios encuentros de este tipo entre 1610 y 1611. El inquisidor Salazar libró a la mayoría de los acusados de la hoguera, al considerar las acusaciones hechas por menores con poco fundamento. Aún así, 6 de ellas acabaron en la hoguera

Al año siguiente, una junta de juristas en Granada determinó que en adelante los casos de brujería serían competencia de la Inquisición y poco después se establecieron una serie de normas estrictas para los inquisidores, que debían comprobar si los acusados habían sufrido torturas, en cuyo caso las confesiones serían rechazadas.

En Italia, al igual que en España, fue la Inquisición quién se encargó de los casos de brujería. 

El Proceso

La persecución contra la brujería se realizaba por juzgados civiles y por denuncias populares. Un ejemplo es el de la madre de Johannes Kepler, que fue acusada de brujería en una zona alemana protestante, por una vecina en 1615 a causa de una disputa entre ambas. Estuvo presa más de un año, amenazada de tortura, pero fue finalmente liberada gracias a los esfuerzos del hijo.

  1. Acusación. La mayoría de las acusaciones venían de rumores o por malas intenciones por parte del denunciante. Rara vez se permitía a las presuntas brujas una defensa.
  2. Detención. Las cárceles, como las conocemos hoy en día no existían, por lo que se mantenía a los presos en mazmorras o torres. Las llamadas torres de brujas, que todavía se conocen en muchos sitios, no eran exclusivas para brujos, sino para todo tipo de prisioneros. witch-hunt-century-xvi-torture-9-pd
  3. Interrogatorio. Normalmente se distinguían tres fases: el interrogatorio por las buenas, el interrogatorio con explicación y muestra de los instrumentos de tortura y el interrogatorio doloroso, en el que se empleaba la tortura. En los casos de procesos por brujería, la limitación a una hora no era respetada, ya que se trataba de crimen exceptum (crímenes excepcionales). A menudo se utilizaba las empulgueras, la rueda, el potro y la bota española. Tampoco se respetaba la regla de que sólo se podía torturar a un preso tres veces y, si hasta ese momento no se había producido una confesión, liberar al preso. 
  4. Pruebas a las brujas. Los procesos oficiales no preveían las pruebas de brujas, de hecho estaba prohibido su uso. Sin embargo, muchos tribunales lo usaron. Las más conocidas son:
    • Prueba del agua: (judicium aquae,), de la que existían dos variantes. Con agua caliente, el acusado debía sacar un objeto del agua hirviendo. Con agua fría, se descendía a la víctima atada a un pozo y si se hundía resultaba inocente (proceso en el que podía morir ahogada).
    • Prueba del fuego: La bruja o brujo tenía que andar sobre un hierro ardiendo o transportar hierro candente o meter la mano en el fuego y salir indemne.
    • Prueba de la aguja: Si se encontraba una marca del Demonio, se pinchaba con un hierro. Si la zona sangraba se consideraba buena señal.
    • Prueba de las lágrimas: Se creía que quien ejercía la brujería no podía llorar.
  5. Confesión. A comienzos del Renacimiento, nadie podía ser juzgado sin confesión, lo que también era válido para los casos de brujería. Pero, debido a que se ignoraban las habituales reglas durante la tortura, la probabilidad de obtener una confesión se multiplicaba enormemente con respecto a los procesos normales.
  6. Interrogatorio para obtener cómplices. Según la ciencia de la brujería, las brujas debían encontrarse en aquelarres y por lo tanto una bruja debía conocer a otras. En un segundo interrogatorio se preguntaba a las acusadas por los nombres de otras brujas, a veces bajo nuevas torturas. Así, se alargaba siempre la lista de sospechosas.
  7. Condena.
  8. Ajusticiamiento. Al delito de brujería le correspondía  la hoguera, en la que eran quemadas vivas. A veces, como acto piadoso se consideraba la decapitación o ahorcamiento previo y quemar el cadáver, o colgar un saco de pólvora al cuello.

 


BIBLIOGRAFÍA

  • Levack, Brian P.: La caza de brujas en la Europa moderna.
  • Caro Baroja, J: “De nuevo sobre la historia de la brujería (1609-1619)”
  • Roca Barea, M.E: “Imperiofobia y Leyenda Negra”
  • Midelfort, H.C.E: Witch Hunting in Southwestern Germany1562-1684: The Social and Intellectual Foundations

1 comentario en “¡Apresad a la bruja!”

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