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Misterios sin resolver: El Sudor Inglés

En la Inglaterra del S.XV una misteriosa epidemia afectó a la mayoría de los varones jóvenes, fuertes, sanos y de buena posición económica. Los investigadores no han logrado a día de hoy desentrañar esta enfermedad, que desapareció en 1552 de la misma forma que llegó: sin explicación.

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El sudor inglés, también llamado sudor anglicus o pestis sudorosa apareció durante el reinado de Enrique VII y devastó el territorio inglés. Lo extraño es que esta primera oleada (hubo cinco) nunca traspasó la frontera escocesa. Sí aparecieron noticias de enfermos en Calais y Dublín pero, inexplicablemente, la mayoría de las víctimas eran ciudadanos ingleses. Además, en Inglaterra no se registró ningún caso de infectados extranjeros.

Las primeras referencias aparecen en una epidemia que en el año 1485 afectó a la flota que transportaba a las tropas del Duque de Richmond en el contexto de la guerra de las Dos Rosas. La epidemia se extendió por toda la flota y tras su llegada a los puertos ingleses, contagió pueblos y ciudades. La enfermedad se “centró” en las clases sociales altas y medias: los primeros en morir en Londres fueron el Lord Mayor (el alcalde) y sus concejales. Fue tan letal que algunas ciudades perdieron 1/3 de la población.

El pánico provocado por el brote de 1485 terminó provocando un éxodo en Oxford, ciudad que se volvió fantasma en cuestión de días. Aquella primera embestida del sudor inglés perduró a lo largo de cinco semanas y se desvaneció justo a tiempo para la coronación de Enrique VII en la Abadía de Westminster el último día de octubre de ese año.

“era más severa entre los ricos que entre los pobres; los jóvenes ricos eran víctimas frecuentes”

Enciclopedia Britannica

Los médicos de la época Jhon Caius y Euricius Cordus estudiaron los síntomas, muy diferentes a la única enfermedad conocida con una tasa de mortalidad parecida, la peste negra. Los brotes ocurrían en verano, desapareciendo al llegar el otoño, y sus síntomas eran escalofríos, mareos, dolor de cabeza, cuello, hombros y extremidades, agotamiento y hemorragia nasal. La cosa se ponía fea cuando el enfermo comenzaba a tener sudores y delirios. Un médico impresionado por los síntomas llegó a escribir: “los enfermos se deshacían en un sudor amarillento y nauseabundo, como si espontáneamente la bilis les brotara por los poros”.

Si sobrevivía las 24 primeras horas,  se recuperaba del todo, pero no significaba que quedara inmune. Un ejemplo de ello es el cardenal Wolsey que logró sobrevivir a tres brotes.

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El triunfo de la muerte

La enfermedad dio el salto al continente en 1528, en su cuarto brote. En Hamburgo provocó más de un millar de muertes en apenas una semana. Se extendió a Suiza, hacia el norte a Dinamarca, Suecia y Noruega y hacia el este a Lituania, Polonia y Rusia. También apareció en Bélgica y los Países Bajos, probablemente por transmisión directa desde Inglaterra, ya que apareció simultáneamente en las ciudades de Amberes y Ámsterdam. En cada lugar, la infección no duró más de un par de semanas y antes de finalizar el año había desaparecido, excepto en el este de Suiza, donde permaneció hasta el año siguiente y afectando a los turcos que en esa época estaban en guerra contra Austria y tenían cercada la ciudad de Viena.  España, Francia e Italia ni se enteraron de la epidemia.

Una enfermedad similar, conocida en el Reino Unido como Picardy sweat, se produjo en Francia, Italia y Alemania entre 1718 y 1861; afectaba durante un período de una a dos semanas y era menos mortal, además de ir acompañada de una erupción cutánea.

Hubo muchas especulaciones sobre el origen de la enfermedad. Algunos la atribuían al clima de la región, a los malos hábitos de higiene o a aguas residuales. Sin embargo, todo apunta a que el sudor inglés fue una epidemia infecciosa, y al igual que enfermedades como la malaria, fiebre tífica y plaga resultó extremadamente letal, aunque su origen jamás fue descubierto.

Los epidemiólogos sospechan que pudo tratarse de un arbovirus transmitido por insectos, principalmente mosquitos. Da la casualidad que los brotes aparecían en épocas de lluvia donde las zonas pantanosas de Gran Bretaña se infestaban de mosquitos. Además, las montañas de Escocia y Gales habrían funcionado como una barrera natural para la migración de los insectos que suelen evitar los climas fríos del norte. Sin embargo, estos virus son típicos de las zonas tropicales y solamente una mutación podría explicar su existencia en Inglaterra.

Pero, lo cierto es que se desconoce exactamente lo que provocó los temibles brotes de sudor inglés.

 

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