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Entre alfares: La cerámica de reflejo dorado

La cerámica de reflejo metálico, o loza dorada siempre me ha llamado la atención por esa aura de riqueza y lujo que desprende. Es un tipo de decoración esmaltada con efectos iridiscentes producidos por los óxidos metálicos aplicados en una tercera cocción sobre un esmalte ya cocido.

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Loza dorada (tajador judeo aragonés del siglo XIV).

 

Su origen fue el gran Califato Abasí (750-1258). Este gran imperio, en el que se creó y desarrolló una brillante cultura que extendió el arte, la arquitectura y las ciencias por todo sus confines. Bagdad fue su epicentro comercial.

En la península ibérica, el hilo conductor de las técnicas de la alfarería de origen musulmán, y muy en especial de la loza dorada, fueron los moriscos, distribuidos en los focos de Manises, Paterna, Quart, Alacuás y Muel. El decreto de expulsión de 1609 llevó a miles de artesanos al destierro. Con ellos se perdieron la industria, las fórmulas, los secretos y el esplendor.

Los centros principales en la península fueron:

Manises (Valencia)

Es el núcleo con más reconocimiento. La etapa o periodo claves es el siglo XIV y la primera mitad del siglo XV. Los motivos decorativos aplicados acostumbran a ser mudéjares. Vemos escritura tanto cúfica como nasji. Motivos heráldicos, como los escudos de los diferentes reinos o reconocidos linajes nobiliarios. Aparece la figura humana, ataviada con los ropajes de ese momento, así como también otros motivos zoomorfos y vegetales.

Ya a finales del siglo XV cambia la decoración, pues los temas de tradición musulmana desaparecen. Se empieza a utilizar el molde en lugar del torno. Eso hace que las piezas tengan formas más trabajadas. Agallonadas, con cordoncillo y umbo central.

Muel (Aragón)

Las primeras piezas que se conocen, hacia principios del siglo XVI, son copias o imitaciones de las de Manises. Pero poco a poco se va creando un estilo propio de ese centro alfarero. A partir de finales del siglo XVI, en Muel se elaboran piezas más características. El motivo decorativo más habitual es el vegetal, con hojas o piñas o la flor pasionaria. En cuanto a los motivos zoomorfos, se puede decir que quedan casi reducidos a aves zancudas o liebres. El esmalte de estas piezas acostumbra a ser cremoso, con una tonalidad dorada cobriza y, en ocasiones, un azul casi grisáceo. Otros centros importantes en el foco aragonés fueron Calatayud, María de Huerva, Morata de Jalón y Villafeliche.

Reus (Cataluña)

La producción comienza en la segunda mitad del siglo XV en Barcelona, Reus y Valls y continúa ininterrumpidamente hasta mediados del siglo XVII. Como en el caso de Muel, las primera piezas no son más que copias de las de Manises. El dorado tiene matices distintos según la producción, pero habitualmente es más amarronado con tonos rojizos. En cuanto a los temas o motivos decorativos, predominan los vegetales. Piñas, hojas, palmetas lobuladas, racimos de uvas, etc.

Sevilla (Andalucía)

Es la producción menos conocida. Es algo más rústica  en cuanto a su decoración y su repertorio ornamental es más limitado.

Proceso
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Aguamanil de Manises (1520-1550). Museo Victoria y Alberto, Londres.

Una vez extraída y purificada la arcilla secándose al sol, que evitaría así futuras grietas, entraba en la primera cochura. Al juaguete (primera cochura de las piezas de barro) resultante se le aplicaba el vidriado, barniz blanco a base de plomo y estaño, y la decoración en azul cobalto. Tras esta primera esmaltación pasaba a la segunda cochura, alcanzando 990 grados. Tras ella, una vez enfriada, se le daba a la pieza el dorado con una mezcla de sulfuros de cobre y plata, disueltos en vinagre y aplicados con pincel. Entraba por fin en la tercera cochura a una temperatura inicial de 650 grados, bajando luego a quinientos.

Henrique Cock, arquero del séquito de Felipe II, a su paso por Muel en 1585, relata así una parte del proceso:

“…Para que toda la vajilla hagan dorada, toman vinagre muy fuerte con el cual mezclan como dos reales de plata en polvo y bermellón y almagre y un poco de alambre (cobre), lo cual todo mezclado escriben con una pluma sobre los platos y escudillas todo lo que quieren y los meten tercera vez en el horno, y entonces quedan del color de oro que no se les puede quitar hasta que se caigan en pedazos. Esto me contaron los mismos olleros”.

 

Habría que esperar al siglo XVIII para que el Levante español, recuperara la riqueza y hegemonía en el mundo de la loza polícroma española. La primera en desarrollar nuevas técnicas, más allá de los viejos procedimientos hispano-moriscos de reflejo metálico, fue la Real Fábrica de Alcora. En la década de 1780, la problemática laboral obligó a muchos alfareros alcoreños a trasladarse a Manises. Siglo y medio después, esta última localidad tenía en funcionamiento ochenta fábricas, dando empleo a cinco mil operarios, un 30% de ellos mujeres.

Debido a los nuevos requerimientos de una burguesía en alza la loza dorada se sustituye por una cerámica más refinada y elegante, proveniente de Francia. El siglo XX se reinterpretan las antiguas piezas mudéjares o de épocas posteriores.

 


BIBLIOGRAFÍA

  • Fatás Cabeza, Guillermo; Borrás, Gonzalo (1993). Diccionario de Términos de Arte
  • Coll Conesa, Jaume. La loza decorada en España.
  • Álvaro Zamora, Isabel (1981). «Aragón». Cerámica esmaltada española.

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