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Balto, el perro que salvó a una ciudad

Seguramente muchos de nosotros hemos visto la película de dibujos animados “Balto” cuando éramos pequeños y quedamos fascinados con la historia de un perro lobo que salvó a un pequeña ciudad en Alaska, pero ¿Qué hay de cierto en esta historia?

Gunnar_Kaasen_with_Balto
Balto con su dueño, Gunnar Kaasen.

Balto era un mestizo de husky siberiano que nació en Nome, un pequeño pueblo de Alaska en 1923. Esta raza, aunque era originaria de Rusia, fue llevada a territorio estadounidense en 1905 para trabajar principalmente en el mushing (perros que tiran de los trineos), ya que eran más resistentes y ligeros que los malamute de Alaska, los perros originarios de la zona. 

En esa época era muy popular la carrera All-Alaska Sweepstakes, que se llevaba a cabo desde Nome hasta Candle y que comprendía 657 kilómetros, sin incluir la vuelta. Por aquél entonces, el futuro propietario de Balto era un experimentado adiestrador de mushing y participaba en diversas competiciones y carreras.

En 1925, cuando las temperaturas rondaban los -30ºC, el pueblo de Nome se vio afectado por la difteria, una enfermedad bacteriana grave y que puede llegar a ser mortal que suele darse principalmente en niños pequeños. En el pueblo no se disponía de la vacuna antidiftérica, por lo que se utilizó el telegrama para descubrir dónde podían encontrar más inyecciones.

Las autoridades lograron ubicarla en Anchorage, a una distancia de más de 1.609 km. Los mares estaban congelados y una gran tormenta azotaba la región, por lo que diseñaron una estrategia de traslado: llevar la antitoxina en ferrocarril desde Anchorage hasta Nenana, y desde allí la recogería un equipo de trineo arrastrado por perros hasta Nome, recorriendo una distancia de 866 kilómetros.

Alrededor de 20 habitantes del pueblo de Nome se comprometieron a realizar el peligroso trayecto diseñando un sistema de relevo en el que se utilizaría a más de 100 perros.

balto-museo
Balto

El escuadrón B, dirigido por Gunner Kaasen y en el que se encontraba Balto fue el más destacado. Durante la carrera todos los implicados soportaron temperaturas de -40ºC, fuertes vientos, pasos helados y zonas montañosas muy complicadas. Muchos humanos y perros fallecieron en su intento por salvar la población infantil de Nome.

Existen varias teorías sobre lo que ocurrió con el grupo de Gunner: algunas sugieren que fue Balto quién lideró a los perros durante todo el camino (aunque no era un perro guía), otras que el perro guía no lograba orientarse y otras que el perro guía se rompió una pata. Lo que sí es cierto es que Balto fue quién tomó el mando de la carrera, llegando a Nome en apenas 5 días y medio.

Kaasen declaró a su llegada:

No podía ver el rastro. Muchas veces ni siquiera pude ver a mis perros por lo que cegado por el vendaval, confié en Balto, mi perro guía. Ni una sola vez dudó.

Dos años después, lo llevaron al zoológico de Cleveland junto a los otros perros de la “carrera del suero de Nome”, pasando allí sus últimos años. Murió el 14 de marzo de 1933 a los  14 años. Fue embalsamado y actualmente se puede visitar en el Museo de Historia Natural de Cleveland.

Desde entonces, cada mes de Marzo se celebra la carrera de perros polares de Iditarod, que recorre el trayecto de Anchorage a Nome, en memoria de la historia de Balto y de todos los que participaron en esa peligrosa carrera.

 

 

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