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Morirse de risa

¡Me muero de risa! Es uno de los dichos populares más comunes y se utiliza para expresar que algo fue sumamente gracioso, pero en realidad la frase tiene un trasfondo bastante particular: una lista de muertes a causa de los ataques de risa.

Uno de los casos más famosos es el del asistente de Cleopatra, que murió al presenciar la muerte de su esposo. Zeuxis, un famoso pintor griego, murió de la risa cuando una señora mayor le pidió un retrato de afrodita utilizándola como modelo.

En 1410 el Rey Martín de Aragón murió de una combinación de indigestión con risa excesiva, al igual que Pietro Aretino y Thomas Urguhart.

Pero la muerte por risa más sonada fue la de Crisipo de Solos, un filósofo griego conocido por sus grandes aportes al estoicismo, una doctrina filosófica que busca alcanzar la felicidad y la sabiduría prescindiendo de los bienes materiales.

¿Quién era Crisipo de Solos?

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Este filósofo estoico nació alrededor del año 279 a.C. en Solos, cerca de la ciudad conocida hoy como Mersin (Turquía). Se trasladó a Atenas y se convirtió en estudiante de Cleantes, el director de la Escuela Estoica. Rápidamente se hizo famoso por su audacia intelectual y su amor por el aprendizaje, particularmente en el campo de la ética y la lógica. Incluso sucedió a Cleantes tras su muerte como director de la Escuela Estoica alrededor del año 230 a.C.

Además de tener un don para el estoicismo, Crisipo ha dejado una colección de más de 700 obras escritas, aunque ninguna ha sobrevivido. Únicamente se pueden encontrar sus escritos en teorías citadas en otras obras por autores posteriores. Gracias a su deseo de ser meticuloso, a menudo tomaba ambos lados de una discusión. Como tal, se le consideraba una autoridad fuerte en la escuela.

“Si pensara que hay alguien mejor que yo, ya me habría ido a que me enseñase”.

Apolodoro de Atenas dijo una vez: «Si uno despojara a los libros de Crisipo de todas las citas extrañas, sus páginas quedarían desnudas». A pesar de todas las proezas intelectuales que Crisipo de Solos aportó, no era de proezas físicas. Era un hombre delgado y más bien «poquita cosa». Cuando se erigió una estatua de Crisipo junto a un caballo, lo que más impactaba era el caballo.

Crisipo era un hombre muy serio, un intelectual muy respetado y la muerte le llegó cuando menos lo esperaba: riéndose de un chiste que él mismo había contado.

Muerte de Crisipo

En medio de una noche de copas, durante las celebraciones de la 143ª Olimpiada, el filósofo decidió emborrachar a un burro. Hizo que el animal tomara grandes cantidades de vino hasta que quedó desorientado, en búsqueda de alimento, el burro decidió intentar comerse unos higos chumbos. La extraña situación le causó tanta gracia al filósofo, que murió en medio de una carcajada.

Sus acompañantes no saben explicar a ciencia cierta qué fue lo que le pareció tan gracioso a Crisipo de esa situación, pero será recordado por siempre por hacer realidad la frase “Murió de la risa”.

Sin embargo, Diógenes Laertius escribió que en realidad pensó que había muerto por beber demasiado vino sin diluir en la fiesta. Y que su muerte se debió, de hecho, al envenenamiento por alcohol. Pero como no tenemos pruebas y las ciencias forenses eran bastante limitadas en ese momento, nunca sabremos realmente la verdadera causa de la muerte de Crisipo.

 

 

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