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Ende, la primera pintora de la historia de España

Al contrario de lo que se ha transmitido tradicionalmente, la mujer medieval participaba en una gran variedad de tareas u oficios. Gracias al estudio de registros de los distintos gremios, de los fueros municipales y de los libros de fábrica con las cuentas de las obras de las catedrales, hoy sabemos las mujeres que intervenían, las tareas que realizaban y los salarios que cobraban. 

Las mujeres, además, participaban en la gestión del patrimonio rural, comercializaban todo tipo de productos o regentaban tabernas. Resulta por ello imposible nombrar todos los oficios que desempeñaban las mujeres durante la Edad Media.

Beato de Tábara
Miniatura del Beato de Tábara

Es cierto que las mujeres de la Edad Media tuvieron dificultades para acceder al conocimiento, pero esto no es una característica solo de estos siglos. En el siglo XIX, e incluso en el siglo XX, las mujeres no accedían a la enseñanza en igualdad con los hombres, pues el acceso a la educación ponía en peligro la aceptación de su papel tradicional. Pero al contrario que las mujeres de las clases bajas, las nobles cultivaron algunos saberes y muchas de ellas dominaron la escritura, la lectura, la música y aprendieron otras lenguas.

En la Península y durante el periodo comprendido entre los siglos VI y XIII, aproximadamente, algunas de estas mujeres, que retaron a su tiempo, trabajaron en monasterios, muchos de ellos dúplices y regidos tanto por hombres como por mujeres. 

En estos monasterios, monjes y monjas se dedicaron a preservar la cultura, copiando, traduciendo, creando maravillosos códices ilustrados, estudiando griego, latín, composición musical y botánica. Y aquí es donde entra nuestra protagonista.

Ende, la pintora de Dios

Ende fue una iluminadora de manuscritos activa en el norte de España a fines del siglo x. Es la primera artista femenina en España y una de las primeras en Europa de la que se tiene registro. De hecho, es considerada la primera artista de la historia.

Los datos sobre la vida de Ende son desconocidos, pero parece que fue monja del monasterio de Tábara o de algún monasterio asociado a este. Según gran parte de los estudiosos, ella era oriunda de León o de los alrededores, como prueban las referencias al arte mozárabe e incluso islámico de muchas de sus maravillosas miniaturas. 

En las últimas hojas del llamado Beato de Tábara, fechado en 970 y custodiado actualmente en el Archivo Histórico Nacional (Madrid), se puede leer que la obra fue iniciada por Magius en el monasterio de San Salvador de Tábara (Zamora) y que, al morir este, el trabajo fue completado por su discípulo Emeterius con la ayuda de Ende, de quien no se dice nada más.  Solo cinco años después, se acabó de elaborar el Beato de Gerona, de 284 folios en gran formato . Aparece firmado por “Emeterius, Senior” y por Ende, que se define a sí misma como depintrix y Dei aiutrix, es decir, pintora y servidora de Dios.

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Beato de Gerona

En esta ocasión, el nombre de Ende precede al de Emeterius, lo que parece indicar que ella fue la responsable principal de la obra. El hecho de que poco antes hubieran terminado el manuscrito iniciado por Magius, así como la calidad del trabajo realizado por ambos en el Beato de Gerona, hace suponer que llevaron a cabo este manuscrito en el monasterio de Tábara, uno de los más importantes del Reino de León en aquella época.

No sé sabe cómo fue a parar este códice a la catedral de Gerona, aunque con toda seguridad salió del monasterio de Tábara antes de 988, ya que ese año el cenobio fue destruido por Almanzor. Posiblemente, viajó a algún monasterio catalán en un intercambio de manuscritos, algo muy frecuente en la época, y posteriormente donado a la catedral gerundense. Una vez allí, fue reproducido en varios manuscritos más modernos, como el de Manchester o el de San Pedro de Cardeña, también de gran formato.

En el Beato de Gerona se añaden imágenes hasta entonces inexistentes, para lo cual Ende y Emeterius tuvieron que buscar inspiración en fuentes no utilizadas en el resto de los Beatos. Una de las imágenes más interesantes, según los estudiosos, es la de la Crucifixión, que ofrece elementos que aparecerán más adelante en el arte románico. Las características de este beato son muy diferentes a las del Beato de Tábara, en el que Ende y Emeterius respetaron sin duda el estilo de Magius. Se cree que este sensible cambio se debe a Ende, la responsable principal de la obra y la única monja miniaturista de la que nos han llegado noticias.

Ende es la única mujer relacionada con cualquier libro iluminado de su tiempo y el Beato de Gerona es el único que conserva la firma de la primera pintora documentada en la Europa occidental.

 

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