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El magnicidio de Ekaterimburgo

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La familia imperial rusa. De izquierda a derecha: Olga, María, Nicolás II, Alejandra, Anastasia, Alekséi y Tatiana.

El magnicidio pasó a los anales de la historia como uno de los hechos más espantoso de toda la crónica humana, fue el fin de la dinastía Romanov. Este episodio dejó muchas incógnitas y durante más de 80 años se estuvo dilucidando si algunos de sus integrantes  pudo sobrevivir al inmenso castigo que fueron sometidos.
Y esto ocurrió porque tras el crimen de la familia, y dada la situación del país nadie quiso buscar los cuerpos, pasaron los años y la falta de información hizo que afloraran muchas leyendas urbanas.

El asesinato de la familia imperial Romanov y todos aquellos que decidieron acompañarlos a la cárcel fue un acontecimiento que tuvo lugar en Ekaterimburgo la noche del 16 al 17 de julio de 1918.

Contexto Histórico

Después de la Revolución de Febrero de 1917, la familia Románov y sus leales sirvientes fueron encarcelados en el Palacio de Alejandro  en Tsarskoe Selo por Orden del Gobierno Provisional. En agosto de 1917, el gobierno provisional de Alexander Kerensky evacuó a los Romanov a Tobolsk, supuestamente para protegerlos de la marea creciente de la revolución. Allí vivían en la mansión del ex gobernador con considerable comodidad. Después de que los bolcheviques llegaran al poder en octubre de 1917, las condiciones de su encarcelamiento se hicieron más estrictas, y las conversaciones sobre llevar a Nicolás a juicio se hicieron más frecuentes.

Mientras los bolcheviques tomaban fuerzas, el gobierno de abril trasladó a Nicolás, Alejandra y su hija María a Ekaterimburgo bajo la dirección de Vasily Yakovlev. Alexei, quien padecía hemofilia severa, estaba demasiado enfermo para acompañar a sus padres y permaneció con sus hermanas Olga, Tatiana y Anastasia, y no abandonó Tobolsk hasta mayo de 1918. La familia fue encarcelada y quedaron algunos retenidos en la Casa Ipatiev de Ekaterimburgo, que fue designada ‘La casa del propósito especial’.

Ejecución

Hacia medianoche, Yákov Yurovski, el comandante de la Casa del Propósito Especial, ordenó al médico de los Románov, el doctor Eugene Botkin, que los despertara y les

1024px-1918_Jekateringburg_-_Ipatieff_merchant's_house_where_he_was_in_captivity_throughout_the_Romanov_family_-_Ma_Este_-_Hungarian_Magasin_30_july_1925
La Casa Ipatiev. En la parte superior izquierda de la casa hay una ventana de buhardilla del ático donde se colocó una ametralladora Maxim. Debajo estaba el dormitorio del zar y la zarina.

ordenara vestirse con el pretexto de que iban a ser trasladados a un lugar más seguro ante el inminente caos que reinaría en Ekaterimburgo. Los Románov fueron llevados a un semisótano.  Según los relatos, Yurovski apuntó su arma hacia el torso de Nicolás y disparó; Nicolás cayó muerto. Yurovski a continuación disparó a Alekséi. El resto de los ejecutores comenzaron entonces a disparar caóticamente hasta que todas las víctimas previstas cayeron al suelo. Dispararon varias veces más y abrieron las puertas para disipar el humo. Hubo varios supervivientes, por lo que Piotr Ermakov los remató con su bayoneta, ya que los disparos podían oírse desde fuera.

A la mañana siguiente, temprano, Yurovski tomó los cadáveres y los escondió en otra parte. Cuando el vehículo que transportaba los cuerpos se averió, Yurovski procedió a enterrarlos cubiertos de ácido, en una fosa sellada y escondida bajo escombros, traviesas de ferrocarril y tierra en la carretera de Koptiaki, un camino para carretas (posteriormente abandonado) situado 19 km al norte de Ekaterimburgo.

los bolcheviques solo anunciaron la muerte de Nicolás,​ con el comunicado de prensa oficial de que “la esposa y el hijo de Nicolás Románov han sido enviados a un lugar seguro”. Durante más de ocho años, los líderes soviéticos mantuvieron una red sistemática de desinformación sobre el destino de la familia, desde afirmar en septiembre de 1919 que fueron asesinados por revolucionarios de izquierda hasta negar rotundamente en abril de 1922 que estaban muertos. Reconocieron los asesinatos en 1926 tras la publicación de una investigación realizada por un emigrado blanco, pero sostuvieron que los cuerpos fueron destruidos y que el Gabinete de Lenin no era responsable.

Investigaciones y hallazgos

El sitio del entierro fue descubierto en 1979 por un detective aficionado,​ pero la existencia de los restos no se hizo pública hasta 1989, durante el período de la glásnost. La identidad de los restos fue confirmada por investigación forense y de ADN. En julio de 1991, se exhumaron cinco cuerpos: el del zar, la zarina y tres de sus hijas. Los restos de Alekséi y Anastasia serían descubiertos años más tarde, en 2007.

Fueron reubicados en la Catedral de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo en 1998, 80 años después de su muerte. En 2008, tras una considerable y prolongada disputa legal, la oficina del Fiscal General de Rusia rehabilitó a la familia Romanov como “víctimas de represiones políticas“.​ El gobierno post-soviético abrió una causa penal en 1993, pero nadie fue procesado por el hecho de que los autores habían muerto.

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