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Sabine von Steinbach, maestra constructora

Estoy cansada de  escuchar una y otra vez que las mujeres no tenían voz ni voto en la Edad Media y que eran consideradas meros ‘objetos’ como si de un mueble se tratara.

Es cierto que la vida en esa época no era precisamente de color de rosa, pero tampoco tan negra como la pintan los humanistas del Renacimiento y  los historiadores conservadores del XIX, los mismos que ‘inventaron’ y divulgaron un Medievo oscuro y mísero, y quienes ocultaron el papel de la mujer en esa época.

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Mujeres constructoras. Roman des Girart von Roussillon, Cod. 2549, f.167v, Flemish, 1447,
Österreichische Nationalbibliothek, Vienna.

Hace tiempo ya hablé sobre Trótula de Salerno, doctora italiana del S.XI, y sobre Dorotea Buca, catedrática de la Universidad de Bolonia en el S.XIV. Hoy hablaré sobre la maestra Sabina von Steinbach, conocida en Francia como Sabine de Pierrefonds.

Se trata de una personalidad excepcional por el momento en el que está documentada, en plena Edad Media, y por el arte que practica, puesto que las pocas mujeres artistas conocidas del Medievo son miniaturistas pero en ningún otro caso se dedican a la escultura.

Sabine, de origen alemán, fue mencionada por el historiador Schadeus en 1617, en un libro en el que la presentaba como maestra de obras y escultora. Citaba como referencia una inscripción, actualmente desaparecida, que la proclamaba como maestra de obras en la catedral de Estrasburgo.

Escultora medieval, es una figura casi a medio camino entre la documentación histórica y la leyenda.

También nos consta la existencia de Sabina von Steinbach por su pertenencia al gremio de canteros de la ciudad de Estrasburgo a finales del siglo XIII, figurando como hija de Erwin von Steinbach, el maestro constructor de la catedral, y hermana de Johann von Steinbach, quien se encargó de levantar su torre. 

A la muerte de Erwin en 1318, sus hijos heredaron el taller y el oficio, y ambos continuaron con los trabajos de aquella catedral, especialmente las obras de la entrada meridional y de la famosa torre de la fachada principal. A Sabina, una relevante escultora, se le atribuyen las estatuas del pórtico de Estrasburgo, talladas con una delicadeza formidable, sobre todo dos figuras femeninas que representan a la Sinagoga y la Iglesia, y también varias piezas en la columna llamada de Los Ángeles, en el interior del transepto.

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Detalle del portal sur, las vírgenes necias y el “Tentador” Catedral de Estrasburgo

Tras acabar su tarea en Estrasburgo, Sabina se trasladó a París, instalándose en el poblado de artesanos que éstos constituían en las inmediaciones de las catedrales en construcción sin que escandalizara su independencia ni se criticara su labor, para intervenir en la catedral de Notre Dame, cuya estructura arquitectónica estaba prácticamente acabada, pero a la que faltaban algunas esculturas por añadir.

A Sabina se le atribuye una figura femenina que representa a la Iglesia, casi idéntica a la de Estrasburgo, y otra de una mujer provista con las herramientas de los constructores medievales.  La tradición cuenta que esa imagen es de ella misma.

 

 

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