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Origen del ramo de novia

¿Creías que el ramo de novia siempre había sido símbolo de glamour y elegancia? Pues va a ser que no…

Ya en la Antigüedad, en la Roma y Grecia clásicas, las mujeres llevaban en su boda ramilletes o collares hechos de hierbas aromáticas, como ajo o eneldo, ya que creían que ayudaba a ahuyentar a los malos espíritus, para luego comérselos durante el banquete por sus supuestos ‘poderes’ afrodisíacos.

Pero… ¿Por qué se pasó de las plantas aromáticas a las flores? Para saber la respuesta tenemos que viajar a la Edad Media. 

Desde la época clásica todo había evolucionado, y en algunas cosas no precisamente a mejor, como por ejemplo todo lo relacionado con la higiene personal. Los romanos adoraban los baños, nada que ver con lo que se acostumbraría unos siglos después.

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Bañarse comenzó a ser rechazado por los médicos, que consideraban que el agua caliente era una vía de entrada a infecciones. Y la Iglesia comenzó a desaconsejar bañarse por tratarse de un acto impúdico, casi pecaminoso. La higiene, así, se limitaba a limpiezas en seco o de manera acelerada con un paño húmedo. Lo habitual era bañarse una vez al año, en mayo, y ni siquiera era muy higiénico, ya que toda la familia utilizaba el mismo agua.

Aún así, no os imaginéis el baño como los que salen en las películas, perfumados y con velitas flotando en el agua. No, en este caso se trataba de un baño en una gran bañera que tomaban todos los miembros de la misma familia. El orden: primero se sumergía el padre, luego el resto de varones desde el más mayor al más pequeño, después las mujeres en orden de edad y ya por último los bebés, pero haceros una idea de cómo estaba el agua para cuando tocaba meter a un bebé.

Ahora que sabemos que se bañaban en mayo y que las bodas se celebraban en el mes de junio, ¿qué solía ocurrir? Que el olor corporal comenzaba ya a dejarse notar, sobre todo en las mujeres, por la cantidad de capas en los vestidos, que no eran precisamente ligeros cuando llegaban los días más calurosos del año.

La combinación de higiene casi inexistente, mucho sudor y ropajes nada transpirables, originaba una mezcla bastante desagradable. Entonces… ¿Cómo no ahuyentar al futuro esposo antes de llegar al altar? Disimulando el olor, llevando un ramo de novia grande, en el que al principio se utilizaban sobre todo flores de azahar.

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Con el paso de los siglos la higiene personal fue cobrando importancia, pero la costumbre del ramo de novia no se perdió. Así que al no tener que ser utilizados para camuflar aromas poco agradables se fueron empleando otro tipo de flores y elementos, dando más importancia a la estética.

Para finalizar os comentaré que la costumbre de arrojar el ramo de novia se basa en una superstición: quien que lo atrape tendrá “la suerte” de casarse pronto. Pero esta tradición tiene un origen mucho más práctico: ya que sólo las mujeres solteras atrapaban el ramo, los hombres que se encontraban en la ceremonia podían saber qué chicas estaban disponibles. 

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