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La historia de San Isidro

San Isidro es el patrón de la ciudad de Madrid desde el 14 de abril de 1619, día en que el Papa Pablo V firmó el decreto de su beatificación. Su protección a los campesinos y labradores  de todos los agricultores católicos del mundo fue declarada por el Papa Juan XXIII. Se le puede invocar para que llueva y tener una buena cosecha.

San Isidro nació hacia el 1082 cuando el territorio de Madrid formaba parte de la taifa de Toledo del área dominada por el Al-Ándalus. Tres años después de su nacimiento, en 1085, Madrid pasa a ser dominio de Alfonso VI, monarca cristiano que dominó las tierras de ese entorno gracias a un acuerdo realizado con Al-Qádir sobre un intercambio territorial. Alfonso VI se encuentra con una área que cubre parte de la provincia de Toledo, Madrid y Guadalajara. Estos territorios debían cubrirse con poblaciones de colonos labradores, artesanos… Son los denominados mozárabes.

 Según el poeta Lope de Vega, los padres de San Isidro se llamaban Pedro e Inés, y sitúa su vida inicial en el arrabal de San Andrés de la villa de Madrid. San Isidro nace de una familia de colonos mozárabes que se encargó de repoblar los terrenos ganados por Alfonso VI. Es posible que procediera de una familia humilde de agricultores que trabajan en campos arrendados al servicio de la familia Vargas.

Le llamaron Isidro en honor a san Isidoro, sabio y santo Arzobispo de Sevilla en la época visigoda. Los padres de Isidro tenían un contrato de arrendamiento anual, acuerdo que renovaban libremente ambas partes. Los jornaleros debían obediencia y fidelidad al señor. A cambio recibían un sueldo en dinero, en especie o en una mezcla de ambas.

 El único documento sobre la vida de Isidro es el denominado códice de San Isidro (denominado también como del diácono Juan), escrito en latín medieval. De autor desconocido, es posible que se escribiera en 1275. La zona en la que vivía Isidro era militarmente inestable, por encontrarse cercana a la frontera entre los reinos cristianos y musulmanes. Se sabe que el emir Alí ibn Yúsuf despliega sus ejércitos en el año 1110 por el centro de la península ibérica haciendo que la familia de Isidro se traslade a Torrelaguna.

El_milagro_del_pozo__Alonso_Cano_(1638-1640)
El milagro del pozo (Alonso Cano)

 

Es en Torrelaguna, donde contrae matrimonio con María Toribia (santa María de la Cabeza)  y es posible que allí tuvieran a su hijo, al que la tradición después conoció con el nombre de San Illán. Santa María de la Cabeza fue una invención de fray Domingo de Mendoza, que el 13 de marzo de 1596 desenterró de la ermita de Caraquiz (Uceda) los huesos de una persona y por inspiración divina le dio nombre y adjudicó el papel de mujer de Isidro, inventándose la vida de Isidro en Torrelaguna. Dicho fraile trató de canonizar a María de la Cabeza pero no logró convencer a la curia.

Isidro falleció en el año 1172, su cadáver se enterró en el cementerio de la Iglesia de San Andrés dentro del arrabal donde había vivido. Se conoce este dato por mencionarlo el códice que acompañaba a los restos del cuerpo momificado (incorrupto) de Isidro. En 1213 el rey Alfonso VIII, como agradecimiento al Santo por su intervención en la victoria de las Navas de Tolosa levantará una capilla en su honor en la iglesia de San Andrés y colocará su cuerpo incorrupto en la llamada arca “mosaica”. A pesar de que no haya sido aún santificado en el siglo XIII. Parece ser que el fervor religioso popular de los madrileños por la figura de Isidro Labrador era ya muy alta en este siglo.

Sobre la figura del santo se hay muchas narraciones populares. La más conocida de ellas es la que nos presenta a un hombre muy piadoso que casi siempre tenía que soportar las burlas de sus vecinos porque diariamente iba a la iglesia antes de salir a labrar el campo. A veces, llegaba algunos minutos tarde al trabajo y sus compañeros lo denunciaron al patrón por vago y holgazán. Juan de Vargas, su patrón, lo quiso comprobar por si mismo, y un  día se escondió tras unos matorrales situados a medio camino entre la iglesia y el campo. Al salir del templo le recriminó su actitud. Cuando llegaron al campo, su patrón vio por sorpresa que los bueyes estaban arando ellos solos la parte que le correspondía al buen Isidro. El patrón entendió aquél hecho como un prodigio del cielo.

No podemos olvidar la curación atribuida a San Isidro y que le valió la beatificación. Durante el reinado de  Felipe III (1578-1621) habiendo caído gravemente enfermo, a su regreso de Lisboa, en Casarrubios del Monte (Toledo), le fue llevado el cuerpo de San Isidro hasta su estancia real, y el monarca sanó milagrosamente. La beatificación tuvo lugar el 14 de abril de 1619, y tres años más tarde, el 12 de marzo de 1622, el Papa Gregorio XV lo canonizaría.

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