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Bebidas de la Antigua Grecia

vinoLa bebida más extendida era evidentemente el agua. Ir a buscar agua era la faena cotidiana de las mujeres. Si el pozo es inevitable, se prefería naturalmente el agua «de una fuente que siempre brote y corra, que no esté turbia». El agua estaba reconocida como nutritiva —hace crecer los árboles y las plantas— y apetecible. Píndaro la describía «agradable como la miel  el agua de una fuente».  Un personaje del poeta cómico Antífanes  jura que reconocería entre todas las aguas la del Ática por su buen gusto. Ateneo cita a un cierto número de filósofos, reputados por no beber agua, hábito conjugado con una alimentación vegetariana. Se bebía también corrientemente leche de cabra e hidromiel.

El utensilio habitual para beber era el esquifo, de madera, de tierra cocida o de metal. Critias, conservado por Plutarco​ menciona así el kôthon, vaso espartano que presenta la ventaja, en el ejército, de tapar a a la vista el color del agua y de retener en sus bordes el barro que se puede encontrar allí. Se utiliza también la copa de beber llamada kílix, y en los banquetes, el cántaro o incluso el ritón.

El Ciceón

 

Los griegos conocían el ciceón, intermedio entre la bebida y el alimento. Se trata de una bebida de cebada añadida al agua y con hierbas. En la Ilíada la bebida preparada por un sirviente para Macaón,​ era un ciceón que se consumía con queso de cabra rallado y cebolla. En la Odisea Circe le añade miel y un filtro mágico. En el Himno homérico a Deméter, la diosa rechaza el vino tinto, pero acepta un ciceón compuesto de agua, de harina y de menta. Utilizado como bebida sagrada en los misterios eleusinos, el ciceón era también un brebaje popular, sobre todo en el campo: Teofrasto en sus Caracteres, muestra a un campesino que ha bebido mucho ciceón e incomoda a sus vecinos por su aliento en la asamblea. La bebida era reputada por sus virtudes digestivas. Así, en La paz, Hermes la recomienda al héroe que ha abusado de los frutos secos.

La decocción de la cebada, el ptisane es una decocción de cebada mondada, filtrada o no, que era la comida habitual de los enfermos. Hipócrates la recomienda especialmente en la alimentación de los pacientes con enfermedades agudas.

 

El Vino

 

Grecia descubrió probablemente la viticultura en el curso del cuarto y tercer milenio a. C.​ Así lo certifican las tablillas escritas en lineal A y lineal B, que mencionan viñedos, viñas asociadas con árboles o cereales y el vino dulce, vino de pasas o con miel. Homero y Hesíodo describen el trabajo de la viña y las prácticas tradicionales: Los Trabajos y días muestran al viticultor cosechando los racimos bien maduros, que dejaba secar al sol durante diez días para concentrar los azúcares;​ la técnica se utilizó hasta la época de Hipócrates  y Dioscórides. Los racimos eran pisoteados y después exprimidos. El mosto se vertía en pithoi , un tipo de tinajas selladas con brea, que se medio enterraban para garantizar una temperatura estable y se dejaban fermentar de 10 a 30 días.​ Las vasijas permanecían cerradas hasta el final del invierno, que en Ática correspondía a la fiesta de las Antesterias.

Pithos
Pithoi

 

El vino era vinificado tanto en tinto como en rosado y en blanco.​ El catálogo de vinos elaborados era muy amplio. Los nombres indicaban el lugar de origen, la uva empleada, el procedimiento de elaboración, la calidad, etc. Vinos famosos, entre otros, eran el prámnios, biblino,​ y psitio (psíthios).

Como en la actualidad, se encontraba todo tipo de producciones: grandes cosechas procedentes de Tasos, de Lesbos, Quíos o Rodas de vino de mesa, e incluso vino peleón ligero, aclarado con agua del residuo formado con los pellejos de la uva, mezclado con posos, reservado al consumo personal del productor. Los griegos no dudaban en aromatizar el vino, con miel, canela o incluso tomillo. Eliano menciona también un vino mezclado con perfume.​ También fue habitual la producción en época romana de una antecesor de retsina, vino con resina de pino incluso ya en época micénica y el vermut.​  Se conocía igualmente el vin cuit​ y, en Tasos, el vino dulce. ​Algunos vinos eran salados, como en Lesbos, añadiendo agua de mar o empapando la uva secada al sol en agua de mar. Si el gusto parece haber sido apreciado, también podía ser una manera de evitar que el vino se agriara.

El vino debía venderse puro. Vender vino mezclado era un fraude contra el que la Geopónica da consejos: basta con tirar en el vino un objeto ligero como un trozo de manzana o de pera o una cigarra: Si el vino es puro, el objeto flota.

El vino era consumido generalmente aguado, puro, no se recomendaba para el uso diario: de hecho parece que su graduación alcohólica era más alto que el vino actual. Los de Santorini, Creta, Mesina, Arcadia y Ática variaban entre 13 ° y 15 °, o incluso llegaban a 17 ° los más fuertes.​ El vino se mezclaba en un crátera y los esclavos lo sacaban con enócoes y lo servían en los kílices de los bebedores. Antes del siglo IV a. C. no se vertía el vino sobre el agua, sino el agua sobre el vino, para que al estar aguado, no hubiera en los banquetes tanta avidez por beber el que quedaba, y se empleaba la mayor parte para el juego del cótabo. Fanias de Ereso, amigo y condiscípulo de Teofrasto describe un vino particular, el anthosmías,​ que llevaba una parte de agua de mar por cada cincuenta de mosto. Era un vino tinto con aroma floral. El vino puro estaba recomendado para un uso corriente: parece que su graduación alcohólica era mayor que la del vino actual. La fermentación natural de un mosto con un gran contenido en azúcar obtenido con una buena insolación podía alcanzar de 12° a 16° (18° máximo). Se mezclaba en una crátera en la cual los esclavos lo sacaban con enócoes (jarras) para servir las copas (kílix) de los bebedores. El vino puro podía ser empleado como medicamento y, de manera general, se atribuían al vino virtudes medicinales sorprendentes. Claudio Eliano menciona que el vino de Herea de Arcadia vuelve locos a los hombres y fértiles a las mujeres; en cambio, un vino aqueo ayudaba a las mujeres que deseaban abortar.​ Fuera de las aplicaciones terapéuticas, la sociedad griega reprobaba la consumición de vino por las mujeres. Si hay que creer a Eliano, una ley de Massalia prohibía  y prescribía a las mujeres no beber más que agua. Esparta era la única ciudad en la que las mujeres bebían normalmente vino.

Los vinos reservados a un uso local se almacenaban en odres de piel. Los destinados a la venta se vertían en píthoi. Se trasvasaban luego a ánforas untadas de pez, para venderlos al detalle. Los grandes crudos llevaban sellos del productor o de los magistrados de la ciudad a fin de garantizar su origen. Se trata de una de las primeras asociaciones entre origen geográfico y calidad objetiva de un producto, una indicación de procedencia que estará más tarde en la base de las denominaciones de origen controladas.

Teofrasto, autor de un Tratado de la embriaguez, indica al hablar de la cornicabra en Historia de las plantas, que en el siglo III a. C., la ‘tericlea’, utilizada para consumir el vino era un cáliz, explicando que era tan perfecta, que nadie podría distinguirla de la hecha de cerámica. Según Teofrasto, fue Tericles, alfarero de Corinto, contemporáneo de Aristófanes, quien ideó este tipo de recipiente.

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