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La momificación en el Antiguo Egipto

momificación

Los egipcios creían en la vida después de la muerte, por lo que el hecho de preservar el cuerpo era especialmente importante. La dura vida en el desierto les hacía creer que después de la muerte existiría un mundo idílico. Si una persona estaba preparada, sus tres espíritus –el Ka, el Ab y el Akh– pasarán juntos al más allá. Para que se sintieran cómodos, debían llevar ropa, comida y pertenencias, así como también preservar su cuerpo.

Al principio, lo que se buscaba era mantener al cuerpo aislado del resto del mundo –la arena, los bichos, la humedad–, por lo que se envolvía de forma muy ajustada en tiras de lino remojadas en resina. También se solía crear formas en los cuerpos, de manera tal que pareciera que los muertos estaban vivos: sentados, con los brazos en alto, etcétera. Sin embargo, esto hacía poco por evitar que las bacterias siguieran viviendo en el interior del cuerpo, y finalmente estas momias precarias se convertían en esqueletos.

A partir de la experimentación, los egipcios se dieron cuenta de que el proceso de descomposición comenzaba desde adentro, en los órganos internos, por lo que, para evitar la putrefacción, estos órganos debían eliminarse también. Esto, junto con el natrón, un agente de secado natural, llevó al proceso de momificación definitivo.

La ciencia y la teología del embalsamamiento fueron evolucionando a lo largo del tiempo, pero sin lugar a dudas las momias mejor conservadas son las de las veinte dinastías del Nuevo Reino (1570-1075 a.C.)

Seti I

El proceso de momificación se hacía en la Tierra Roja, un desierto alejado de las zonas densamente pobladas y con fácil acceso al río Nilo. Se trabajaba en tiendas de campaña abiertas para lograr la ventilación adecuada.

Antes de comenzar con el proceso, el cuerpo se llevaba al Ibu, un lugar sagrado donde se lavaba el cuerpo con agua del Nilo Occidental, algo que representaba una especie de renacimiento.

Luego se llevaba a Per-Nefer, donde se comenzaba el proceso. Se colocaba el cuerpo en una mesa de madera, se retiraba el cerebro a través de un túnel hecho con un cincel por la nariz, un gancho y una cucharada de madera. Luego se lavaba el cráneo. Extrañamente, los egipcios no intentaron preservar el cerebro, porque creían que no lo necesitarían en la próxima vida.

Se hacía una incisión en el lado izquierdo del cuerpo con una cuchilla de obsidiana –una piedra sagrada– y se eliminaban todos los órganos, excepto el corazón, que era el centro de la mente y las emociones. Los órganos se lavaban, se cubrían en resina, se envolvían en lino y se guardaban en las cerámicas decorativas. Se lavaba la cavidad con vino de palma, y para mantener su forma se rellenaba con incienso y otros materiales.

El cuerpo se pasa a una tabla inclinada y se cubre con polvo de natrón, que a diferencia de la arena, absorbe la humedad sin oscurecer ni endurecer la piel. Se deja en el polvo entre 35 y 40 días, y luego se lleva a la Casa de Purificación, donde se limpia, se saca el incienso y se vuelve a rellenar con natrón y ropa empapada en resina, se cosen las incisiones y se baña la piel en resina.

vasos canopes

Finalmente, el cuerpo estaba preparado para el vendaje, un proceso complicado que tardaba un par de semanas en completarse. La familia del fallecido debía reunir aproximadamente 372 metros cuadrados de lino, y los embalsamadores solían comenzar el proceso en las manos y pies, luego la cabeza, los brazos, las piernas y finalmente el torso. Una vez cada parte estaba cubierta, se comenzaba con una capa general, y entre capa y capa se colocaba resina caliente para pegar la tela. Durante el ritual se pronunciaban conjuros y se colocaban amuletos de protección por todo el cuerpo. Los vendajes protegían de la humedad, ayudaban a contener al cuerpo y daban un aspecto más realista.

Una vez vendada, a la momia se le ponía una máscara funeraria, que podía ser una representación de la cara del difunto o de un dios egipcio. Finalmente, se coloca en un suhet, un ataúd decorado para parecerse a una persona. En la tumba, el sacerdote disfrazado de Anubis procedía al “ritual de la boca”, en el que se concedía el poder de los cinco sentidos al difunto mediante la colocación de los objetos sagrados sobre la cara del suhet. Esta se colocó sobre la pared interior de la tumba, y se selló con todos los elementos para la próxima vida.

 

2 comentarios en “La momificación en el Antiguo Egipto”

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